lunes, 4 de marzo de 2013

Reflexión sobre la noticia educativa.


Considerando que el hombre siempre ha sido ese ser con necesidad de conocimiento y abierto a las experiencias que traen todas sus actividades, no se me hace nada nuevo que la investigación haga parte de ese proceso formativo.
La búsqueda constante de respuestas a sus interrogantes , le permite crecer y afianzar en conocimientos, puede entonces construir a partir de  las necesidades soluciones innovadoras con las que facilite  la realización de cosas complejas, pues bien sabemos que tanto la ciencia como la tecnología han traído al ser humano ventajas y desarrollo en comparación  con generaciones pasadas.
A la ciencia y nuevas tecnologías es necesario darles un buen uso, pues estas no nos aseguran ir precisamente por el camino más conveniente, ya que  estas implican a su vez  riesgos, lo que menos me gusta de esto es la desvalorización a la naturaleza y el constante abuso sobre ella, ante la cual esta por encima la evolución de herramientas contaminantes y la perdida de conciencia ante el daño causado a nuestro planeta. 
En lo personal me gustaría una ciencia evolucionada de la mano con el medio ambiente, una ciencia que no implique experimentación animal, una ciencia y tecnología que no se apunte siempre al consumismo y que el respeto por  la vida este por  encima de todo, una ciencia con miras al progreso pero enfocada a la preservación del lugar en que habitamos.

NOTICIA!


noticia extraída de:  el Colombiano.
http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/P/pasion_es_la_clave_del_investigador/pasion_es_la_clave_del_investigador.asp
Pasión es la clave del investigador

Tres jóvenes que se decidieron por la investigación como camino cuentan cómo es meterse en ese cuento.
Por MARIO A. DUQUE CARDOZO | Publicado el 3 de marzo de 2013

El factor común es la pasión. El punto de partida es, para todos, como una epifanía, un momento revelador en su camino que nada tiene que ver con la fe, porque lo de ellos es la ciencia.

Son ingenieros, los tres, pero no llegan a ser ni la punta del iceberg de un creciente número de investigadores que tiene Colombia, pequeño en comparación con lo que se requiere, pero en aumento comparado con la situación en años anteriores.

Lo de estos tres personajes es la duda, las preguntas sin resolver, la búsqueda de las respuestas.

Colciencias tiene registrados en sus bases de datos (Plataforma ScienTI-Colombia), 5.510 grupos de investigación, con 735 en Antioquia, el segundo en la lista tras Bogotá, con 2.211 grupos de investigación reconocidos.

Hay pues, talento y ganas, pero también incertidumbres sobre el futuro para los que se decantan por el camino de la investigación y la ciencia.

Hay becas para estudiar, pero poco campo de acción; se apoya a los grupos de investigación en las universidad, pero no siempre y no en todas se fomenta entre los estudiantes el espíritu investigador; se piden investigadores, pero se no se cree en su trabajo...

Pero hay testarudos de la ciencia, gente que se la juega por hallar soluciones, por innovar o por plantearse más preguntas todos los días.

Repito, estos son solo tres de un amplio número de personas, pero aún faltan muchos más.

1. LEIDY MARCELA GIRALDO, LA DAMA DE LA HOLOGRAFÍA
 Tiene 20 años y más pinta de artista que de investigadora. Pero es ingeniera física, encarretada con la óptica y lo suyo es la holografía. Trabaja en el laboratorio de óptica de Eafit y llegó a la investigación de la mano del profesor Juan Ospina, que en el cuarto semestre la puso a hacer papers para presentar en congresos internacionales.

"No fueron grandes artículos, pero esa experiencia partió en dos mi manera de ver la investigación", recuerda. Luego trabajó en el grupo de Óptica Aplicada y realizó una pasantía en el Centro Atómico de Bariloche y pasó por la Universidad Estatal de Ohio.

"Ahora en el laboratorio estamos trabajando con elementos de la holografía que ya se conocen para innovar. Estamos trabajando en investigación aplicada y apropiación de tecnología", dice sobre su actual trabajo.

Tiene claro que la investigación es un camino difícil en Colombia. "Cuando uno se gradúa y espera irse a estudiar a otra parte o a una empresa a trabajar. En el segundo caso te perdés para el mundo de la investigación. Y si te vas, luego no encontrás campo de acción".

Y, agrega, hay que luchar contra una sociedad que te pide ser "productivo". "Hay quien pregunta que cuándo me voy a conseguir un trabajo de verdad", cuenta entre divertida e indignada.

Sabe entonces que se necesita pasión y testarudez, pero también disciplina. 

"Por ahora vamos abriendo camino, pero nos falta mucho".

ALEJANDRO JOSÉ DANIEL GÓMEZ ES PURA ROBÓTICA
Tiene 20 años, va por su séptimo semestre de Ingeniería Física en la Universidad Nacional y hace parte del grupo de investigación Redes de sensores robóticos, porque lo de él es eso, la robótica.

"Desde que entré a la universidad busqué una carrera que me permitiera hacer cosas que no fueran comunes", explica, porque si bien en su carrera no encuentra todos los elementos para sus creaciones, el gusto por saber es lo que lo mueve.

Su primer reto, recuerda, fue una tarjeta arduino que le dio un profesor con una orden simple: apréndala a utilizar. Con eso su curiosidad tomó el camino de la academia y apareció el Alejandro investigador. Aprendió a hacer circuitos, creó un robot omnidireccional y diseñó un programa en Java para comunicarse con él desde el computador. 

"Para ser investigador hay que tener pasión y muchas ganas de saber, porque hay que hay cosas que no te enseñan en la carrera y que las vas a necesitar".

Para él, un investigador tiene que sacarle gusto a lo que hace: "No es lo mismo hacer una maestría porque le toca salir adelante con sus propios desarrollos", opina. 

Y da una clave más: hay que dudar. "No se puede tragar entero. Hay que saber de dónde vienen las cosas para poder extender ese conocimiento y entenderlo más allá de lo que se conoce, pero no valen las respuestas ya conocidas", dice este estudiante que quiere ser un hombre influyente de la robótica.

MELISSA OSORIO SABE MOVER LA ENERGÍA
Cree en los vehículos eléctricos y ahí está enfocado el trabajo de esta ingeniera eléctrica de 24 años, de la UPB. En el top de su vocabulario la pregunta "¿por qué?" está en la parte más alta. De eso se trata, dice, la tarea del investigador. 

Pero también sabe que serlo nace del interés de cada estudiante. La universidad, reconoce te da ciertos caminos, algunos no del todo visibles, pero si se tienen las ganas, se pueden lograr resultados.

Ella empezó con su proyecto de grado y ahora trabaja en el Laboratorio de Eléctrica y Electrónica de Escuela de Ingeniería de la Bolivariana. 

Ese fue el primer paso y ahora está metida de lleno en la conversión de un vehículo de combustión interna a uno eléctrico.

Y en esa tarea va para adelante, pero también para atrás, en lo que llaman ingeniería inversa: "Nos llegaron un motor y un controlador sin manuales, y nos tocó ponernos a trabajar para ver cómo funcionaban", recuerda.

¿Qué necesita un investigador? La respuesta la da citando el ejemplo de su profesor, Luis Emiro, a quien vio trabajar con pasión con el tema del bus eléctrico en el que se metió su universidad, porque para ella pasión es una palabra clave para cualquiera que se decida por la ciencia.

Y luego, pelear con la mentalidad de la gente, para que entienda los nuevos desarrollos y se convenzan de la importancia de la investigación y de las posibilidades que le abre al país.

EN DEFINITIVA
En Colombia aumenta la investigación y a Antioquia no le va mal, pero hacen falta más recursos y más líneas de investigación en el país. Hay que continuar la tarea.

Formación de investigadores: entre la ilusión y las deudas
ANÁLISIS
Diana Londoño,
candidata a PhD en mejoramiento de plantas, Universidad de _Wageningen, Holanda.
Twitter: @dianalondono7

Me casé con la ciencia porque con ella tengo la libertad de hacerme preguntas, y de leer y experimentar para responderlas. Mis cuestionamientos tienen que ver con la humanidad y el alimento, con la agricultura. 
Me gusta construir conocimiento, poco a poco, para generar algún impacto en la calidad de vida de las personas. Una de las dificultades a las que uno se enfrenta después de obtener un título de doctorado, si se quiere continuar en la ciencia, es que no hay plazas suficientes de empleo en universidades y centros de investigación. Las alternativas, entonces, se reducen a un postdoctorado, que es un empleo en investigación con un salario más bajo, que depende de financiación externa: cuando se acaba el dinero, se acaba el empleo. Conseguir un postdoctorado es difícil porque es más barato investigar con estudiantes de doctorado. Implica, además, una renuncia al tema de interés. A esta realidad, se suma que algunas personas adquirieron una deuda para hacer sus estudios de doctorado. Hay una modalidad de beca-préstamo que puede ser condonable hasta en un 100 por ciento si se cumplen algunas condiciones, entre ellas la graduación, y esta no siempre está garantizada y no depende en su totalidad del estudiante. 
El monto de la deuda puede ser hasta de $495.000.000, y es, sin duda, un factor adicional de permanente estrés para el estudiante. En mi opinión, existe una falla conceptual y estructural en el sistema. 
No se promueve la carrera por vocación científica. Es normal que se hable mucho de dinero al referirse a las políticas de ciencia y tecnología, pero se olvida con facilidad el recurso humano necesario para hacer ciencia. 
Me parece ilógico despachar a nuestros mejores estudiantes a hacer un doctorado con una maleta cargada de ilusiones y una deuda que podría desvelar a cualquier persona de negocios, mientras se piensa tan poco en su futuro y en el potencial de su talento.